Soy afortunada, mañana estoy de huelga. Si, has leído bien, mañana haré huelga para defender la igualdad y me considero una privilegiada. Ya sé que suena contradictorio, pero si sigues leyendo intentaré explicar cómo tener luchar por algo justo se vuelve un orgullo.

Soy mujer, tengo un puesto de trabajo, donde mi opinión se valora, donde puedo tomar decisiones, y donde además cobro lo mismo que mis compañeros pero mañana no iré a trabajar y serán mis compañeros de empresa los que se ocuparán de sacar adelante mi parte del trabajo.

¿Por qué hago huelga?

Pues porque cuando pienso en mis anteriores trabajos sé que en algunos no hubiese podido hacer huelga, en otros no me hubiese atrevido, y en otros ni lo hubiera pensado. Pero mañana sí puedo parar y decir que el mundo laboral no es igual para las mujeres.

Haré como cuando éramos pequeños, un voto por mi y por todos mis compañeros, por mis amigas que no trabajan porque no pueden, por conocidas que no hacen huelga porque tienen un trabajo precario, por compañeras que ni siquiera lo han pensado y por aquellas que estudiaron como yo y que tienen trabajos muy alejados de sus capacidades. Por aquellas que no pueden permitirse el lujo de no ir a trabajar.

Porque cuando éramos escolares no se notaban las diferencias, porque la igualdad era algo más cercano, y en este momento de feminismos blancos, femeninos, de clase y más, donde a veces nos enfrentamos por lo que es feminista, donde hay hombres que dan lecciones de feminismo y mujeres que discrepan de los métodos y donde cada persona tiene su opinión.

Para mi lo importante es eso, las personas, y lo qque puedo hacer para mejorar en algo la vida de otras mujeres, de aquí o de allá, presentes o futuras, porque como leí hace poco, ninguna feminista es mejor que otra, cada una hace lo que puede para mejorar la vida de todas las que están y vendrán.

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